Reflexiones

Mi gato y su bulimia.

Mi gato Serpentín tiene diez años y tiene un poquito de barriga, mis amigos dicen que está gordo, mis compañeros de trabajo que es fat, yo digo que tiene curvas, como yo, pero él se empeña en que está obeso, no ve la realidad. A ver, si soy realmente objetiva, está un pelín pasado de kilos, pero nada del otro mundo, lo normal vamos, ¿quién es perfecto en esta existencia de locos? (si la perfección la vemos desde el prisma social de la belleza física actual, que tanto daño hace, por cierto) que me presenten al primero, por favor. El tema es que ama y odia comer, todo a la vez.

Creo que me ha copiado. Empezó a vomitar desde muy chiquitito, como yo, que a los trece ya me metía los dedos y a los diecisiete casi la mano entera, daba penita la verdad, y ahora que yo estoy mejor, él no entiende que debe dejar de hacer eso… “—lo único malo es que estoy perdiendo el esmalte de mis dientes, pero tampoco voy a ligar…. —me dice.” Yo le explico mil veces que no es por su aspecto físico, que es por su salud, “—¡pero que me vas a decir tú!,  que entre el bruxismo y la bulimia te has quedado  con unos mini-dientes que dan asco— continúa.” “—mis novios me lo agradecen— respondo.” Nos reímos.

Mi madre siempre me ha dicho que yo tengo una relación muy cercana con “Gomi”, nombre cariñoso con el que apodó a mis vómitos recurrentes, la pobre, creo que hacía bromas sobre eso porque no sabía cómo manejar la situación. Menos mal que me dio esa herramienta para sostenerme en esta vida. El humor digo, lo de manejar situaciones se me da mejor. Ser madre tiene que ser duro, yo no estoy muy segura de querer tener hijos, me sentiría robada, robada de tiempo, de espacio, de mí, quizás sea una egoísta o me haya aprendido a querer, o tenga pánico al tema, ¡vete tú a saber! pero esto da para otro post, así que ahora concentrémonos en el trastorno de Serpen.

Cuando voy al supermercado siempre me viene con cara de ternero degollado “—¡oye muchacha! —Él es canario—. Tráeme esos palitos, esos con olor a chuletada.” Yo no quiero comprarle esas porquerías porque sé lo que pasará, se atiborrará y lo peor de todo es que yo no podré evitar comprar esas sweet chilli crisps que venden los guiris donde vivo yo (que también llamarles guiris viviendo en su país, da que pensar sobre mí) y nos pelearemos por el baño…

Pero esto no es lo peor, cuando éramos más jóvenes e íbamos de fiesta juntos era desquiciante. No se sabía cuál  tenía menos autocontrol, en media hora ya nos habíamos zampado todo el tequila que encontrábamos, lo pasábamos con ginebra y empezábamos a buscar un camello. El resultado era Serpen bailando en la barra del bar, yo bailando con alguno del bar, todo el mundo mirando mal a Serpen que derramaba las bebidas de la gente y yo, que no sé decirle que no, terminaba pegando al “segurata” por haberle pegado a Serpen. Así cada finde en un bar distinto. Me siento culpable porque él sea así, creo que yo le provoqué un trauma al castrarlo, y por eso tiene bulimia, se siente culpable y sucio de haber orinado las cortinas tanto tiempo, y claro, ahora yo también me siento fatal y ya no puedo cambiar su situación. En fin, menos mal que nos mudamos a un país donde la gente no habla nuestro idioma y hace frío, mucho frío, entonces ya no nos apetece salir, así que un problema menos que tenemos.

Ahora que no ligamos mucho nos ha dado por las apps de buscar pareja. En realidad, creo que sólo lo hacemos para reírnos y pasar el rato. Serpen siempre dice: ” —Estas pibitas inglesas van muy repeinadas, me molan más las chicharreras, más naturales y con más personalidad…” aunque bien que se ha lanzado a quedar más de una vez, siempre en bares para luego no tener que ir a vomitar toda la comida si queda en un restaurante (los nervios lo ponen peor). A mí me da un poco de miedo, entonces sólo mando corazones de esos y cuando me coinciden, me salgo de la app y vuelvo a entrar al siguiente mes. También nos hemos hecho super fans del Deliveroo, amamos las pizzas y siempre compartimos para controlar la cantidad que comemos y el dinero que gastamos… al igual estamos madurando; yo dejé el alcohol , el tabaco y las drogas, Serpen se ha metido a un rollo budista, y en definitiva, sólo nos quedan  los libros, las pizzas, los palitos con olor a chuletada, las sweet chilli crisps y sus citas divertidas de internet. Les parecerá aburrido, pero nosotros nos lo pasamos pipa, Gomi, Serpen y Yo.

Bettina Bustamante

Soy escritora y estudiante de psicología. Además, una Resiliente: he convertido mi dolor en algo hermoso como es la Poesía; soy mejor porque he sufrido. A través de mi experiencia personal y mis conocimientos, ayudo a mujeres a superar todo tipo de abusos y salir fortalecidas de esas experiencias.

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